Vuelve junto la felicidad
Vuelve a decirme lo de siempre que me amas, pero no puedes quedarte. Que mis brazos son refugio, pero tus pasos no saben detenerse. ¿No te enseñaron que lo que se cuida no se lanza al abismo, ni se suelta de repente, como si el amor pesara demasiado? Yo no espero nada, ni del mundo ni de mí, pero dicen que lo bueno tarda... Y yo, que he sido reloj y calendario, sigo contando días vacíos donde lo bueno nunca viene. El mundo grita consejos con voces que no escuchan, te enseñan a encajar, a obedecer, a fingir, pero nunca a ser feliz. Tiraste mi recuerdo al pasado como si fuera un papel arrugado. Pero yo... yo nunca aprendí a olvidarte. Fui alumno del recuerdo, discípulo del eco de tu voz. Ahora sé que hay heridas que intento curar en otros porque no sé cómo sanarlas en mí. Y en cada abrazo que doy, me busco sin encontrarme. He hecho lo imposible por parecer fuerte: he reído con el alma rota, he dicho "estoy bien" con el corazón en llamas. Pero no se aprende a ser de piedra cuando se nace de agua. Así que mírame, dime otra vez que me amas, aunque no puedas tenerme. Dímelo, como quien lanza un suspiro que no espera ser devuelto, pero que aún así, no puede guardarse.
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