vieja banca de viejo parque.
¿Cuantas almas no habrán recibido aún tan merecido poema?, cuerpos testigos de la vida, algunos muy ocupados para ver, y otros que no paran de observar, todos sintiendo a su manera, quemandose en el sol o suplicando su calor, de igual manera hijos de la tierra. Hoy me detengo y encuentro uno de esos cuerpos, viejo cuerpo observante, siempre solo en un parque, abrazando a cualquiera que lo busca, dando descanso al que lo necesita, un hombro para llorar, una cueva de amor, un amigo que no se va, un alma que está ahí para todos sin pensar en sí, que no piensa pero está, vieja banca que no duerme, yo te veo, yo te aprecio.
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