verde eternidad
En el ocaso gris de mi memoria errante, donde el silencio ruge y el alma arde, vuelven tus ojos, faros de un instante, verdes abismos que el dolor resguarde. Eras la aurora en mi noche sombría, la voz que en calma mi caos deshacía, mas hoy tu nombre, de eco y agonía, retumba en muros de melancolía. Tus ojos, dos mares de calma ilusoria, guían mis naufragios hacia tu historia. Yo fui el poeta que en tu piel dormía, tú, la promesa que jamás volvía. Beso el recuerdo que el tiempo asesina, brindo con lágrimas por tu despedida, pues aunque el destino mi fe fulmina, tu luz persiste, serena y prohibida. Que si la muerte mi pecho reclama, hallará en cenizas la misma llama; porque en mi tumba, cuando la calma, brille tu verde… renace mi alma.
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