verano de mentira
En la penumbra helada, de mi piel herida, tiembla el aliento áspero de otra caída; la calle que sopla, su invierno sin medida, triste y congelado, noviembre sin salida, y el cristal que me promete un verano de mentira. Brilla brilla la astilla, lujuria congelada, como un faro enfermo, en plena madrugada; yo, con los ojos perdidos en su llamarada, persigo un resplandor que nunca y siempre ha sido nada. Cada bocanada, es nieve que envenena, un falso calor que desgarra y condena; y en mi pecho de piedra, donde la esperanza truena, el frío reina… y la sombra me encadena.
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