"Venado Herido"
Sus flechas ardientes atraviesan el cuero de mi piel. Las puntas llegan a mi carne quemando cada tejido a su paso. Sin invitación, sin permiso, quebrando todo sin ningún rastro de compasión. Disfrutando de ver mi cuerpo en el piso. Y fuego, fuego ardiente quema mis heridas, y el sentir se me debilita. La vida, el mar, el verde abrazador, el sentir que antes me hacía vivir, son testigos falsos de mi sufrir. De mi agonía. De está tonta manía de no huir de lo que me lastima, de no huir de las flechas que atraviesan mi piel, mi ser. Lo que fui, lo que me hizo sentir. Pero de reojo veo, esa sangre goteando, creando charcos de lo que alguna vez bombeo en mi corazón, de lo que alguna vez corrió por lo que, hoy, según lo que sé, fue mi cuerpo, mi sostén, ese que guardo mi ser, lo que yo creí merecer. Y caigo, caigo como un débil venado herido al ser cazado, confundido, desorientado, enternecido, sin ningún sentir en mi mirar. Sabiendo que nació, que nací, para esto, para vivir en el simple olvido, en lo que alguna vez el mundo creyó un “ser vivo”. Pero hoy, caído, se da y me doy cuenta, que ya no hay nada más, que no queda nada más, sólo ese silencio oscuro, que hoy, jura, nos jura. La paz.
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