Valle de sombras
Mis lágrimas fueron mi cura, y el miedo mi habitación. Guardé un corazón quebrantado detrás de una débil oración. Hay fuego en mis huesos, y una espada en mi interior; cada latido es un recuerdo, cada recuerdo, un error. La noche aprendió mi nombre. Y la muerte, mi dirección. El silencio fue cavando la tumba, de mi propia voz. ¿De quién temeré ahora, si ya conocí el horror? Yo me esconderé bajo sus alas, temblando, sin valor, con el alma hecha cenizas y el pecho sin corazón...
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