una mente, cuatro paredes
Bajo la mirada hacia mis manos. Observo los destellos rojos que brotan de las esquinas de mis dedos. Siento un leve ardor. Todos mis dedos despielados, ensangrentados, dolidos. ¿A causa de qué? De nada. De darle quinientas vueltas a la cabeza, como siempre, sin razón y sin sentido. Cediéndole tiempo y salud a cosas y gente que no lo merecen. Dejo de dormir, mis ojeras aumentan y yo me tambaleo. Llega un punto en el cual no aguanto sentada sin dormirme. Con suerte me mantengo en pie. Empiezo a pasar mis días encerrada. Dejo de contestar y vivo entre las mismas cuatro paredes. Mis días se resumen en pudrirme en cuerpo y mente, metida en cama. Siento cómo dejo de estar cuerda. Necesito salir pero me es imposible. Es como si estuviera encadenada a mi propia habitación, obligada a permanecer en cama. No puedo vestirme, como sin parar y vuelvo a fumar. No sé cómo moverme. O salgo ya o me quedo para siempre.
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