Un ladrón impulsivo
Por mis mejillas se desliza un mar de lágrimas, recordando aquel beso robado en un suspiro. Supe que para ti solo fue un error de cálculo, al ver el arrepentimiento en tus ojos zafiro. Una disculpa gélida salió de tus labios, porque aquel beso no debió ocurrir. Me dejaste atónita, llena de preguntas, suspendida en tu silencio sin saber qué decir. Para ti no significó nada, solo un desliz imprevisto, ajeno a la razón. Para mí lo significó todo, porque lo sentí vibrar en mi propio corazón. Es contradictorio cómo aquel beso fue tan dulce, pero a la vez tan amargo. No fue un error, ambos lo sabemos, aunque lo digas como tal en un suspiro largo.
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