Un incendio necesario
La cabaña de los cuatro años comenzó a arder con un hambre antigua, devorando promesas sin nombre y el silencio que nos habitaba. Vi al hombre de las heridas ocultas, aquel que elegía el estruendo de la huida antes que el bálsamo de mi abrazo. Le señalé el agua, le ofrecí la vida, pero mi mano ya no podía ser su ancla. Salté. Salté hacia el abismo azul de lo nuevo, llevando conmigo mi esencia: ese perro que lucha por respirar entre el humo y la espuma. No sé si él saltó, y por primera vez, no saberlo es mi libertad. El fuego purifica lo que ya estaba muerto; el agua, aunque asfixie al inicio, es la única que sabe enseñarme a vivir otra vez
Ad
Poetry Books 50% Off
Bestselling collections from top poets
Shop Now →
