Un día por la tarde
llegó en un otoño donde el sentido y la moral pendían de una rama y esos ojos blancos secos profundamente perdidos, ciegos de amor se envolvieron, caía en una larga oscuridad cuando nos alejamos del lugar no borraría ni el gris que nos cubrió ni la precision de las palabras para llamarte amor ni la melodía con la que su pelo negro largo y denso acariciaba su mano sonando en mi interior ¿Que sobraba en aquel banco de dos? Sería como un soplido del viento en otra noche fría como si el tiempo no estuviera en su lugar un olvido real sus ojos negros querían preguntarle al recuerdo, por conocernos no me llené de valor y un tanto más de humildad creí perder su mirada en mi propio corazón dos polos opuestos perdidos en la misma ciudad, que cerca se veían las estrellas, querían recordar, no queria que acabara, algún transeúnte nos miraba desde abajo, nos preguntábamos ¿Dónde estamos? Entre aquel silencio nosotros dos no sabíamos a dónde ir y ni de donde veníamos daba igual estábamos allí no, no supimos entender que la luna mengua y ya seguimos buscándonos, pero en un día donde la pareidolia se encargaría de desunirnos; Me dijo que te amo Le dije que te quiero
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