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Tu rostro se derrite entre mis dedos; intento sostenerlo, pero solo consigo perderte más. Mis ojos brillan al reflejar mis manos vacías, donde antes estabas. Ya había imaginado tu muerte, pero nada me preparó para este vacío. Mis lágrimas arden hasta dejarme ciego, y aun así… Aún siento tu ausencia como si siguieras aquí. Mi corazón late, esperando el abrazo de un alma que ya no existe.
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