Semáforo en rojo
Hace poco, mis ojos se encontraron por fracción de segundo con los tuyos; volviste a mí, pero solo por un instante. Te vi y no estabas solo. Ella tomaba tu mano y te veía como yo lo sigo haciendo; te sonreía como yo lo he llegado a hacer. Quise decir mil cosas cuando vi aquella escena frente a mis ojos, pero, a decir verdad, algo dentro de mí se paralizó. Todo a mi alrededor se convirtió en cámara lenta: mis ojos ardieron, avecinando lo que se acercaba; mi estómago se contrajo y mi voz se apagó. No hice nada, no dije nada; simplemente observé todo desde la distancia. Al llegar a casa, las lágrimas salieron sin control, el estómago se enfermó y la garganta se me quebró. Ya no había esperanzas de que regresaras, de que aquella promesa de volver a encontrarnos pasara. Te vi, pero tú la mirabas a ella; la mirabas como alguna vez me miraste. Te vi y no estabas solo. N.L
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