QUIERO RENDIRME
El alma que hoy me habita está tan rota y fría, que busco en este abismo un puerto, una bahía. Ya el aire que respiro me sabe a pura hiel, no queda ya en la copa ni rastro de una miel. La fuerza se ha marchado, me abandona mi vigor, y solo queda el eco de un mustio desamor. Quisiera ya ceder, no seguir en la brega, que el tiempo ya no cure la punzante entrega. Recuerdo tu mirada, promesa de un vivir, y ahora cada instante me incita a solo huir. Mi corazón se ahoga en un llanto profundo, buscando algún consuelo lejos de este mundo. Si pudiese parar esta terrible tormenta, y olvidar que tu ausencia mi destino lamenta. Mi fe se ha vuelto niebla, mi consuelo una farsa, que el peso de esta pena mi cuerpo ya abrasa. El rocío en la mañana no me trae más que penas, pues moja los caminos que rompieron mis cadenas. De un amor que creí que jamás tendría fin, y que hoy es solo sombra en el pálido confín. Alzo la vista al cielo, sin saber qué más pedir, y en un susurro nombro a mi amado Jesús, para que tome el peso y me ayude a seguir, o bien me dé el permiso para por fin rendir. Que acabe esta agonía, que cese ya mi mal y adiós letal.
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