Quédate
Quédate Mírame a los ojos. No digas nada aún. Solo finge que te importo, aunque lo niegue tu voz. Dime que todo estará bien. Miente si es necesario. Hazlo suave, como solías acariciar mis heridas abiertas. Prométeme que no te irás, aunque ya estés tan lejos, aunque tu sombra sea lo único que me queda de ti. Dímelo, incluso si duele. Incluso si ya no sientes nada. Yo te creeré, porque el dolor me enseñó a amar tus mentiras. Y es que mis heridas, esas que supiste abrir con maestría, se han vuelto mi veneno preferido, una droga lenta… pero mía. No puedo dejarlas, no quiero soltarlas. Porque en cada punzada todavía estás tú. Mírame con esos ojos tuyos, esos que juraban amor mientras apuñalaban. Esos ojos que mienten tan bien, que aún me hacen soñar despierta. Mírame, aunque no me veas. Quédate, aunque sea solo un instante. Porque incluso tu ausencia, me sabe más viva que esta soledad.
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