presencias obsesivas
Manos persiguiéndome entre los pasillos, huyo constantemente fingiendo cegera ante cada palma que roza o busca mi cuerpo. Tal vez sean gritos de auxilio, no por ellas, sino para mí. Evito el mínimo contacto con cada dedo que se dirige hacia mi piel. Trato de escapar de su tacto a toda costa que olvido la carga de mi cuerpo. Echo la vista hacia atrás y veo mi cuerpo tendido, rodeado por frías manos que me detienen. Siento su tacto sobre mi piel, pero veo mi cuerpo a la distancia. En parte culpable de haber sido atrapada, partícipe de este supuesto acto de ayuda que me enloquece. Al fin, he perdido la cabeza, aunque puedo verla a lo lejos, pero ya no me pertenece.
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