poema i
Estoy aferrado a la ilusión del ser. Desde mis entrañas, no hay lugar donde quepa luz, donde quepa yo, donde se albergue él. Sé que estoy muerto, desterrado al valle de las sombras, soy vacío eterno fundido en el universo, diluido en el tiempo, en la penumbra que me ahoga. Soy ajeno a mí, me desconozco y a la vez, me desentiendo. He olvidado mi molde, renunciando a mi ser me he podrido lentamente cayéndome, fallando, otra vez. Tal vez estoy un poco muerto viviendo en letargo, a paso lento soy un perro desahuciado, triste y olvidado. Mi cara es hueca, vacía, sin forma, se cierne el pecado en mis adentros y me apuñala, me ahorca, me destroza. Me miro, soy vacío. Me miro, perdido. Me miro, muerto. Me aferro a lo que ya no es, me pierdo en la que ya no soy. Caigo muerto, tendido, con el resplandor de la puesta del sol en mi cara, la esperanza de un nuevo día, de un mañana donde sea feliz, donde al fin sea yo. Aferrándome a un alrededor Donde yo no sea ilusión.
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