Petricor
Cuando la lluvia besa la tierra, despierta un aroma de petricor, y pienso en ti, como si el universo conspirara para dejarme tus recuerdos en el viento gélido. Tus manos tienen la nobleza de un silencio marmóreo, delicadas, nublosas y eternas, pero suaves como el instante dónde deseo el roce de tus caricias. Tu mirada es un misterio numinoso, un encanto fluvial que me envuelve, como si los dioses hubieran escondido su secreto en tus pupilas. Eres poema, eres templo, eres lluvia que perfuma mi alma, y yo, perdido en tu hechizo, solo sé que amarte es caminar por el cielo. E25.
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