Pastel de Limón
La vida me dio algo dulce, dentro de lo salado. Y al acercarme al final, noté lo salado otra vez. Pero, no acostumbrada a ello, me lo comí sin dejar rastros. A veces, la vida te da limones, y haces limonada... pero te salen amargados. No te rindes. Decides convertirlos en lo más dulce que uno se puede imaginar. Y así comienza una nueva etapa, un nuevo espacio, un hobby que te fascina y al mismo tiempo es tan peligroso que podría romperte en pedazos si no te proteges. Pero sonríes, sonríes a lo pendejo, sin pensar en lo que viene, ni en el daño irreversible que causará. Solo consciente del amor que traerá. De cómo te envolverá en su energía, como una trampa hecha para ti. Una trampa que sabe dónde curar y cómo hacerlo. El hecho de acostumbrarte a lo salado te hizo neutral a todo lo demás. Pero cuando lo encontraste no, no lo encontraste. Te encontró a ti. Y te envolvió en una calidez que solo se experimenta una vez en la vida. Después, te quedas pensando en el aroma, en esa cálida voz, en el bonito sentimiento que oculta lo amargo. Para atraparte, y hacerte sentir algo tan hermoso que olvidas lo amarga que es la vida, y te concentras en lo dulce que puede ser este pastel de limón..
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