𝐒ombras de un ayer.
Te recuerdo como un eco borroso, una silueta que el tiempo difumina, entre risas que suenan lejanas y promesas que el viento reclina. ¿Fuiste real o un espejismo? A veces dudo de mi memoria, ¿eran tus ojos o un abismo los que me narraban nuestra historia? Hay noches en que tu nombre se asoma como un susurro incierto, y aunque lo busco en mi horizonte, solo hallo niebla cubriendo el desierto. Tal vez nunca fuimos destino, sino dos estrellas en trayectorias ajenas, cruzando apenas un instante divino, desapareciendo tras cortinas eternas. Aun así, en mi pecho persiste, ese rastro fugaz que no se disipa, un amor que nunca fue tangible, pero que, aún hoy, en mi alma palpita.
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