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Sin desearlo en tus besos de azúcar y menta caí. A las pecas de tu rostro el primer día me rendí. Y quise entonces en tus labios cada noche reposar, puesto que ellos todo tornado en mi vida hacen despejar. Mi doncella nocturna, mi plateado cometa. Mi emperatriz de fuego, mi musa y mi Julieta. Tras el refugio de tus manos cae tu semblante, sintiendo la vergüenza del temblor de tu figura y temiendo no sea de mi agrado. Mas mi sólo pensamiento es tu radiante ternura y cuan tuyo se ha vuelto mi corazón palpitante. Equiparas un palacio en los jardines de mi mente. Día y noche te paseas entre mis sueños. Y es que tu sonrisa sólo hace patente lo mucho que a tu lado mis problemas tornan pequeños. Es semejante tu lejanía a los avernos. Una tortura asemeja tu espera. Si un sólo deseo se me cediera, anhelaría el estrecharte por días eternos.
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