MUNDOS DE FRENTE
Yo que me creía tan imposible. Tan poco sufrido y dramático, un tanto insoportable e insoportable, me decía tener ojos azules y piel blanca. ¡Uf, respiré y no lo sabía! La verdad: mis ojos indígenas, mi sangre mestiza, mi voz latina, con los cantares del campo, la premisa contra la tierra seca, hasta que el grito llama la lluvia, florece el cultivo y se alegra todo. Yo pensaba que la orgullosa era mestiza y chola, grosera, caminando tocando el aire, con el dedito alzado y distorsionada. Lo analicé egoístamente. La chica era grosera, es cierto: su piel blanca y amarillenta, sus ojos azules y su cabello liso. No era para nada floral; era ciudad. Un contraste con mi rudeza. ¿Qué iré a hacer si es una guerra? Parece una lucha de gestos mudos.
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