Morena
Quisiera robarle un beso a la noche, a la morena de mirada estrellada, sentir su piel tibia entre mis dedos de hielo y perderme en el brillo de su alborada. Pero ese anhelo es solo un espejismo, un fuego que arde sin consumirse, porque el destino dicta otros caminos, y mi deseo no puede decirse. Así que guardo esta dulce condena, suspiro un verso y la dejo ir, pues hay amores que nacen prohibidos, y en el alma se quedan… sin existir.
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