Miradas
Te miro, me miras, nos miramos. El tiempo se desvanece, dejando solo el peso de nuestra mirada, el silencio abrasador de nuestro fuego, aislándonos del mundo, que por instantes parece dejar de girar. Enlazados, enmarañados, atados y atrapados, incapaces de huir de la gravedad del otro, condenados a perdernos en este abismo, una prisión cuya sentencia no quiero cumplir, un castigo que elijo pagar en tu piel. Te miro, me miras, nos miramos. Me acerco, te acercas. Solo existe la tersura de nuestra piel, el calor de tu rostro en mi pecho, la levedad de tus manos en mis brazos, la brisa de tu aliento marcando mi cuerpo... Y en tus ojos. el veredicto: no hay escapatoria.
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