Mi faro
Hubo días en los que el mundo pesaba, en los que el eco de mi voz se perdía, y el silencio era un mar sin orilla, una sombra que todo envolvía. Pero entonces, ellos estaban ahí, en un rincón lejano y eterno, sus acordes como un faro encendido guiando mi alma en invierno. Sus voces rompían el aire, como un abrazo en la distancia, y aquellos coros, llenos de vida, eran promesas, eran esperanza. "Stay alive", susurraban sus versos, y yo, quebrada, escuchaba, como si hubieran escrito sus letras para el dolor que en mi pecho habitaba. Me hablaron del sol que renace, del mañana que aún nos espera, de la luz que, aunque oculta entre tormentas, despierta en la aurora sincera. Y cada nota tejió mi refugio, una cuna de acordes y fe, me enseñaron que aún con heridas, podría intentarlo otra vez. Lejos, sí, pero tan cercanos, como si supieran mi historia, como si en cada verso y compás guardaran mi propia memoria. No me conocían, y sin embargo, me dieron razones para quedarme, para gritar con el pecho abierto que la vida aún puede abrazarme. No sé si algún día lo sepan, si entenderán lo que fueron en mí, pero si alguna vez escuchan mi voz, les diré: "Gracias por hacerme seguir".
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