Mi estrella
También tú, mi querida estrella, pensé haber encontrado la redención, pues es que tú eres demasiada bella, y fijarse en mí no era de ambición. Las palabras que decías eran tan creíbles, yo, en mi maldita estupidez, nunca vi que eran tan predecibles, todo mi cuerpo quedó con tal rigidez. Al enterarme de lo que tú me hiciste, pues nunca te atreviste a decírmelo en la cara, también yo confié, pues jamás discutiste, en un principio fue una cosa rara. No lo podía creer por ser de tu parte, ya que no te hice nada para herirte, lo único que hice fue amarte, y no sé por qué te tuviste que irte.
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