Lo ajeno
Hay días en los que me siento como quien mira desde la orilla, con los pies quietos y el alma en pausa. Los días pasan como sombras, me rozan pero no me alcanzan. Estoy, pero no del todo, como si algo en mí faltara. No es tristeza, ni tampoco calma, es caminar en la nada, una espera sin un nombre, un silencio que no abraza. Y aunque todo siga su curso, y el mundo avanza con prisa, yo me quedo sentada, viendo cómo la vida pasa, como si no fuera mía.
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