Las rosas
Toda rosa tiene espinas, dicen los viejos caminos, pero aun así florecen entre tormentas y destinos. Muéstrame cuáles son las tuyas, sin miedo, sin esconder, que no hay herida tan profunda que me haga retroceder. Cuéntame de tus inviernos, de aquello que te hizo llorar, de las sombras que en silencio aprendiste a soportar. Y yo pondré mis manos cerca, aunque se puedan desgarrar, porque hay personas que merecen cada gota de sangrar. No quiero solo tus pétalos, ni tu perfume al amanecer, quiero también tus cicatrices, todo lo que te hizo crecer. Porque amar no es ver la rosa cuando comienza a florecer, es quedarse junto a ella cuando sus espinas hacen doler.
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