La fragilidad del lobo
Siempre creí que eras un lobo, aquel que tiene el mundo en sus manos, el que impone miedo con su presencia y al que nada perturbaba en vano. Tus ojos zafiro son como balas glaciares: penetran a todo aquel que te mire de frente. El peligro se escondía de ti y, a menudo, oía historias horribles donde estabas presente. Pero solo tenías mala fama; eras un cordero disfrazado de lobo, un niño roto que se escondía bajo máscaras y que aparentaba ser el más cruel de todos. Pero el cuento se acaba y la mentira también. Tú, el que causa dolor con un deje aburrido, ahora estás enfrente mío derramando tus lágrimas, mostrándote tan vulnerable, tan perdido. Es tan desconcertante verte así que te robaría el llanto para calmar tu dolor. En mis brazos te reconstruyes de nuevo para volver a ser el lobo que impone temor.
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