La droga de mis dones
Cargo con la cruz del falso profeta La culpa de ser la razón de tu fé Limpio tus pecados y corto tus cadenas Desde la luz tenue de mi cuarto Aún así sigo condenado a estas tierras profanas Perezco entre el alcohol y las drogas que desaparecen tus tristezas Perdido a lo alto de una ciudad que nunca duerme y su descanso es utilizado para llorar Rezan en el río de mis lágrimas y se marchan por la mañana Me dejan aquí, en esta luz cálida siendo la peor de las ofrendas Y se van Dispuestos a regresar y pedirme una vez más La salvación a cambio de mi muerte espiritual Se van, pero el castigo se queda aquí Conmigo, en mis muñecas.
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