La Condena del Cristal
Qué insulto este arrebol que el cielo ensaya, qué estética de luz tan insolente; yo, juez de mi naufragio, estoy presente viendo morir al sol sobre la playa. El pensamiento es un bisturí que talla la anatomía de un ayer ausente; no hay paz para el espíritu consciente que en su propia memoria se amordaza. Cada gota y cada grano de sal son el peso de un mundo que no cede, la aritmética cruel de mi destino. Miro el azul, eterno y vertical, sabiendo que el olvido no sucede: soy el rastro de un paso sin camino.
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