La cara de la perversion
Vienes a mí, envuelto en oscuridad, con las manos manchadas de tu propia impureza. Mi cuerpo, tu lienzo al que haces sangrar, convirtiéndolo en una tortuosa y delirante belleza. Veo el deseo en tus ojos: quieres que te adore, que ame los demonios que alberga tu pecho. Que te permita corromperme el alma a tu antojo y que mi miedo siempre presente te deje satisfecho. Y creo que por eso te amé, porque tu presencia me doblega, porque tu oscuridad me envuelve y es irresistible. Te convertiste en mi propia dualidad, porque esto me gusta al igual que me aterra. Caigo de rodillas ante ti porque ya no soy mía, te pertenezco cual objeto subastado. Me entrego a ti en un pacto retorcido que simboliza mi debilidad al caer en tu pecado. Borra de mí todo rastro de cordura, desdibuja mis bordes y mánchalos con tu perversión. Prefiero a tus demonios y tu infierno sin salida, que estar sin ti y tu enfermiza obsesión.
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