Kintsugi
Hoy que tengo un poco de paz, entendí todo. Estamos rotos, a pesar de nuestra corta edad y aunque eso suene como la frase más dramática de toda la historia de la humanidad, no estamos completos, y no sabes que tan precioso es eso, somos tan parecidos que es aterrador. Existe esta bella creencia de que las personas somos como una pieza de cerámica rota, así te veo yo, como lo que antes estaba completo, una delicada pieza que terminó rompiéndose, que se hizo trizas, se partió en un millón de cachitos y pensó que no podía volver a arreglarse y eso es lo hermoso de esto, la genial metáfora de que la belleza se encuentra hasta en las cosas que ya no tienen forma o por lo menos no su forma inicial y ¿Quieres que te diga algo aún más divino? En Japón, existe el arte del Kintsugi, donde las piezas que se quebraron se reparan con oro y al final, aunque puedas ver esas líneas que indican que hubo un pasado un tanto estruendoso, su valor aumenta y su belleza también, se vuelven piezas únicas. Entonces, sí, mi amor, somos una pieza de cerámica quebrada, con doradas y espléndidas cicatrices en nuestras almas, cicatrices que a mí parecer ninguno de los dos mostró.
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