Inseguridades
Antes no tenía tantas inseguridades, tal vez algunas como el tamaño de mi panza y lo rizo de mi cabello comparado con el lacio ajeno Pero eran inseguridades normales, o mas o menos normales, para una niña de 10 años. Tampoco prestaba mucha atención, mi mente se llenaba de dibujos animados o no entender una tarea de lengua, lo realmente normal para una niña de 10 años. Pareciera obligatorio añadir inseguridades a la cesta conforme vas creciendo, como si aumentaran junto a tus años y, luego se multiplicarán para hacerse más extensas que tu propia existencia. Los comentarios de la gente no se reservan por más que seas solo una pequeña, y tampoco pierden su dureza con el tiempo, sino que aumentan su filo. Ya no son palabras en forma de piedra que fracturan el cristal llamado autoestima que tienes dentro de ti, sino que se vuelven balas explosivas y rápidas, ya no los puedes esquivar, van a impactar, van a hacer pedazos el cristal. Ese no debe ser el final, incluso si el vidrio se rompe, puedes tomar sus trozos y volverlos a pegar. Hazlos formar parte de un nuevo cristal, uno que incluso sino las esquive, resista las balas y no se rompa tras varios disparos.
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