gato negro
Un día de vacaciones acordamos para vernos, después de años sin hacerlo, ahora de grandes, como si se tratara de desconocidos. Lo sentí diferente y nuevo, intercambiamos palabras, empezamos a hablar, y la conexión se empezó a notar. Éramos distintos, pero eso no importaba porque fluidas eran nuestras charlas. Él sonreía, yo notaba sus hoyuelos y me perdía en ellos. En sus lunares se encontraba la constelación, y en su piel, la misma noche. Su pelo negro y misteriosa mirada, como si de un gato negro se tratara. Me acompañaba, pero si bajaba la guardia, su garra, se volvía daga y con ella me atravesaba. Aun así, con las marcas de mis heridas, yo mantenía las puertas abiertas por si volvía.
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