Famila ( primera parte)
Mi familia es una casa con paredes que no abrazan, con palabras como balas y miradas que amenazan. Un padre forjado en golpes y fuego criado en un mundo sin apego. El puño fue su único consejo, el amor… siempre tan lejos. Su rabia no viene de hoy, es la herencia de otro dolor, y aunque el pasado ya se fue en casa, sigue el temblor. Mi madre camina en silencio, vive con miedo y con peso. Creció con lo justo, sin lujo, pero el alma… llena de rezos. Su voz es pequeña, asustada, como si en casa no fuera llamada con sueños guardados en cajas y el corazón cubierto de brasas. Yo soy la hija, la que observa y calla, la que no cree, pero aún se embriaga de la esperanza de algún ayer, donde todo dolía un poco menos, tal vez. Me criaron dos almas viejas que sí sabían dar abrigo, mis padres eran sombras lejanas sus brazos, promesas tempranas. Mis abuelos fueron faros callados en noches de miedo, mis fieles aliados. Sus manos temblaban, pero eran abrigo y en su ternura aprendí lo que es un amigo. Ellos me dieron un amor sin ruido, sin castigo, sin rudos, sin olvido. A su lado, sentí que aún podía ser alguien que valiera la pena entender.
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