En la sombra y el latido
En el eco frío de la madrugada, me abrazo al peso de lo que no fui, mil sueños rotos, nada que me agrada, y un abismo oscuro llamándome a mí. He caminado por rutas vacías, cargando el llanto que nadie escuchó, cada promesa se vuelve ceniza, y el sol se esconde donde no llegó. A veces pienso en dejarlo todo, desaparecer, volar, no estar… pero su risa, su luz, su modo, me atan al suelo y me hacen quedar. Sus manos tibias buscan las mías, su voz pequeña me llama a seguir, aunque me hunda mil noches frías, por ella intento aún no partir. No entiende el peso que en mí se aferra, no ve la lucha tras mi mirar, pero su vida, tan pura y tierna, es la razón que me hace aguantar. Si yo me apago, ¿quién la sostendría? ¿Quién secaría su llanto al caer? En su inocencia vive mi guía, aunque me duela, no puedo ceder. Así que respiro, un día más, con cada paso, trato de estar. Por ella sigo, aunque duela tanto… por su sonrisa, decido luchar.
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