El Silencio que Me Enseñaste
No hiciste falta en mis batallas, porque dijiste que podía solo. Y yo, niño de pasos torpes, me tragué el miedo como plomo. Aprendí a coser mis heridas con hilos invisibles de orgullo, a sonreír con los ojos vacíos, a ser fuerte… aunque me destruya. Me volví refugio que no acoge, puente sin río, voz sin eco, un “estoy bien” que no significa nada, un corazón que late en secreto. No molesto, no estorbo, no pido. Me escondo tras gestos tranquilos. Fui el hijo que no necesita a nadie… pero por dentro, sigo perdido. A veces sueño que alguien pregunta, que alguien ve lo que no muestro. Pero despierto, y me acuerdo: el silencio… fue tu único consejo.
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