el silencio que dejaste
Se apagó la luz sin previo aviso, te marchaste por el borde del abismo, rompiendo aquel frágil compromiso que tenías de luchar contra ti mismo. Miraste hacia el final de la pendiente donde el frío se vuelve compañero, y de forma callada y de repente, te volviste un rastro pasajero. ¿Qué tormentas habitaban en tu pecho? ¿Qué sombras te robaron la alegría? Hoy me queda este nudo tan estrecho y una carta que leer nunca querría. Buscaste la paz en el olvido, el descanso en la noche más profunda, dejando el corazón estremecido en una soledad que me inunda. Ya no habrá más charlas ni caminos, ni risas que disfracen la amargura; se cruzaron muy pronto los destinos y te ganó la sombra su partida pura. Vuela alto, donde el alma no se quiebra, donde el peso de la vida se deshace; mientras yo, entre hilos de tiniebla, rezo para que tu espíritu descanse.
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