el refugio de la sombra
Claro que te amé. Claro que sentí el vuelo de las mariposas cuando el brillo de tu presencia incendiaba mis días. Pero esa luz era ciega: tú no me conocías. Te sabías de memoria mi color favorito, susurrabas al oído el apodo que me gusta, pero no sabías leer el silencio de mi enojo ni el hambre de ruego que mi orgullo busca. Tú me acompañabas, pero él me escuchaba. Tú eras la duda; él, mi corona de princesa. Sé que me amaste, y que yo te amé también, pero en mi mente crecía una sombra espesa. Esa sombra avanzó cuando tu luz se hizo fría, y encontré la comprensión que nadie más veía. Nadie entendió por qué me fui con él, ni la paz que mi alma al fin encontraría. Porque solo yo supe, al final del camino, qué tranquilidad había en la oscuridad de aquella noche en que entendí que tú no eras para mí.
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