El mejor regalo
Con cada día que íbamos ganando juntos, ella perdía otro día más. No era experiencia, no eran momentos, muchos menos dinero, pero ella seguía ahí, apostando por ganar. Cansancio, quejas, reclamos y varias canas. Sí, estaba ganando, pero no entendía que perderme era el mejor premio que podía darle. *Era lo menos que podía hacer por ella.* La dejé destrozada, ahogada en lágrimas y casi tan muerta como yo: la ganadora más triste del mundo.
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