El consuelo de la sombra
Te abrí la puerta que a nadie le muestro, la que resguarda el polvo de mis miedos. Te di la llave con mano temblorosa, para que vieras los secretos que llevo. Creí que serías un faro, no la tormenta, aquel lugar donde el mal se desvanece. Mi alma yace en tu palma abierta, desnuda y frágil, rogando no romperse. Pero tus manos no me supieron cuidar, o tal vez tu ego fue quien ganó la batalla. El cofre se rompió y mis demonios escaparon... dejando vacía la caja de Pandora que estalla. Una guerra sin fin se desató en mi interior, donde mis temores andan en la oscuridad, vagando sin dueño por la noche helada, escurridizos por las sombras de la crueldad. Dime por qué soltaste a mis demonios, ¿Dónde quedó eso de cuidarme? Ahora me toca cazar a mis miedos, que los tengo de consuelo para abrazarme. Me prometiste un puerto seguro y fuiste explosión, a tu paso dejaste un rastro de destrucción. La herida sangra, pero duele más tu traición, porque confiarte mis miedos fue mi peor error.
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