El ateo y el espejo.
Y se ha ido, qué curioso que haya sido justo ahora. Fue oportuno, duro, y tal vez era justo eso lo que querías. ¿Y qué era lo que querías? Yo solo quiero saber si me querías... ¿me querrá aún? Se ha ido queriéndome, a lo mejor es solo lo que quiero creer. Quiero querer y creer que se ha ido por algo de él y no mío; porque se ha ido sin creer y me ha dejado creyendo y queriendo. Se ha esfumado el ateo creyendo en sus deseos, pero no se ha visto en el espejo espumado y no ha visto que yo lo quiero. Pero no es suficiente con querer al ateo para que él crea que lo quiero; quisiera creer que nos queremos y que no se ha vuelto idóneo esto.
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