Ecos de la soledad
En la sombra de cuatro paredes, donde susurro de soledad crecen, una alma perdida entre sombras va, buscando un eco que nunca llegará. La luz del día apenas se asoma, su brillo lejano, cual dulce broma, y en la penumbra, el tiempo se arrastra, un reloj que se queja, que nunca se va. Los días se funden en gris desconsuelo, cada instante un peso, un denso anhelo, sin risa que broten sin manos que toquen, el silencio grita mientras sueños se ahogan. El mundo afuera danza en su juego, pero tras esas rejas, solo hay ruego, un canto a la luna un súplica al viento, que lleve su voz, que disipe él lamento. así, pérdida en su prisión de cristal, un corazón llora su amor inmaterial, y en la espera eterna del sol que amanezca, la tristeza se abraza, y la vida se quiebra.
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