¿Dónde estás?
Perdido en la soledad, sobre la vida y la muerte te encuentras, donde la soledad más intensa carcome hasta el metal más puro, inclusive el cobre más joven. Perdona mi alma, ven a mis brazos, espinas no hallarás, me las corté por el miedo a herir, ven aquí, cariño, no te quebraré. Mis manos no son martillos para ti. Perdón si algún día te rompí, aunque amor haya en ti. En serio, lo lamento... No fue mi intención. ¿Pero sabes qué? Puedes irte. Especulé que podía herirte, pero más tú a mí, perdón. Qué fastidio... (después de leer este poema lean "tus caricias" para ver la continuación y ver más el contexto)
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