despedida de la muerte
Quisiera temerte enemiga del mundo doblar las rodillas frente a tu frente y llorar por la boca un sudor nauseabundo. Debiera esconderme y en mi calavera guardar un cesto con mieles y flores para disfrutar en la ansiada primavera. Quisiera que me amordazaras la boca haciendo al silencio un vacío agudo en de una vasija de huesos rota. Debiera matarme antes de que me mates sentir mis mejillas azules descomponerse antes de que tu mano llegara a rozarme. Sentir un deseo infinito en mi derrota que mi marcha dejase en mi casa huellas de frio y manchas de aire entre la cocina, el desvan y la terraza. Si tu solo fueses pasajera, destino de todo, a mi alma le darias un consuelo alma desalentada por la nada, envejecida bajo su amargo terciopelo A tu noche eterna me traslado, siempre tuya, que en un marmol olvidadizo graben mi nombre pues no le temo ni a la muerte ni a la nada ni dejo deudas a la vida para que me las cobren.
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