Debajo de algún cielo
Duermo donde el viento no perdona, en el rincón que esquiva la ciudad. Mis sábanas son mi silencio y soledad, mi techo, un dios que nunca está. El suelo me conoce por nombre, la lluvia por cada cicatriz. Soy parte del paisaje que evitan, una sombra sin voz ni raíz. No hay ternura en el asfalto mojado, ni consuelo en los pasos que van. Solo rostros que miran de lejos, como temiendo también acabar. ¿Quién fui antes de esta guerra sin fin? ¿Quién me lloró la primera vez? Hoy, ni yo mismo recuerdo mi historia, solo que duele, dolio... y no sé por qué.
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