Dagas
Sin embargo existe el dolor hueco que me contagia su vacío. Como noche nublada donde solo existe el miedo a caer al vacío. Aún así busco el filo de tus voces que me gritan con sangre. Es frío y nocturno el café de tus ojos que ruegan por mi compañía. Aunque no lo necesite, soy adicto a tu aliento que inunda mis pulmones para fundirse conmigo en amargas bocanadas. Solo escucho tus gemidos de martirio mientras lloras negro. Y a pesar del sufrimiento que siento al oírte sigo creyendo que aún existo.
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