Control
Hubo un tiempo en que me rendía al peso del día, cuando las sábanas eran refugio y el silencio, mi única voz. No juzgo a quien cae, porque yo también me caí. Toqué fondo en mi propio abismo y por un momento creí que no habría salida. Pero un día no sé cuál, no sé cómo decidí que ya era suficiente. Me enfrenté al dolor con manos temblorosas, con el miedo aún en los ojos, pero con el alma despierta. Y no fue fácil. No es fácil. Nunca lo será. Pero ¿quién dijo que vivir era suave? Tomé las riendas, rompí cadenas invisibles, me prometí ser mía aunque me costara. Decidí no esperar a que llegara la felicidad como un regalo ajeno. La busco en el ahora, en los pequeños intentos, en los días que apenas brillan. Y aunque duela, aunque a veces todo se calle, he aprendido que la soledad no siempre es vacío: a veces es fuerza. Y en ella me encontré.
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