Cómplices Románticos
Ella sonríe con un encanto celestial, tan puro y perfecto que el mundo entero, desde lo divino hasta lo indómito, se detiene para contemplarla. Sólo ella posee el don de enloquecer los corazones, sólo ella logra que la razón se rinda sin resistencia. Cuando la miro, los sueños dejan de ser fantasías y se transforman en vida. Los suspiros se me escapan, y en ese instante sé que no existe cielo más alto que el que habita en su mirada. Ella me hace perder… pero es un extravío hermoso, porque en esa sonrisa he aprendido lo que significa vivir. Somos cómplices románticos, reflejados en el brillo de una sola mirada; una melodía secreta, tan sublime que hasta Dios la escucha en silencio. Dos cuerpos lejanos, pero unidos por un mismo corazón. E25.
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