Ciudad que no duerme
En la ciudad, los días no descansan, las calles laten como un viejo tambor, y cada paso es prisa, es danza, es gente corriendo detrás del reloj. Semáforos que dictan el destino, luces que ciegan, neón sin pudor, y entre concreto, humo y ruido fino, los sueños caminan con cierto temor. Hay vidas que cruzan sin verse la cara, miradas perdidas entre multitudes, Hay risas fingidas en bares y en cada esquina, y amores que duelen más por costumbre. Porque también hay magia en su caos eterno, en el vendedor que canta su pan, en el artista que pinta su infierno en un muro gris con spray y afán. La ciudad no duerme, pero sí respira, a veces con calma, a veces con ira, y aunque duela verla tan fría y tan dura, es hogar de esperanza… y de su propia locura.
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